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La minería sostenible de Bitcoin en Bután impulsa aumentos salariales e iniciativas de atención médica

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Bután ha acumulado silenciosamente casi $1 mil millones en reservas de bitcoin a través de la minería hidroeléctrica sostenible, utilizando la criptomoneda para financiar servicios públicos y posicionándolo como un modelo financiero estratégico para naciones que lidian con la inestabilidad económica.

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La minería sostenible de Bitcoin en Bután impulsa aumentos salariales e iniciativas de atención médica

Cómo un Reino del Himalaya Convirtió el Bitcoin en una Herramienta para la Resiliencia Fiscal

En una audaz fusión de administración ambiental e innovación financiera, Bután ha acumulado más de 10,000 bitcoins, valorados en casi $1 mil millones a marzo de 2025, aprovechando su abundante energía hidroeléctrica para operaciones de minería desde 2019. El reino del Himalaya sin salida al mar, conocido por priorizar la “Felicidad Nacional Bruta”, ahora se erige como uno de los mayores poseedores gubernamentales de bitcoin a nivel mundial, superando los 6,102 BTC de El Salvador. Esta acumulación estratégica, gestionada por la estatal Druk Holding & Investments, se ha convertido en un pilar de la política económica de Bután, financiando servicios públicos críticos mientras promueve la sostenibilidad.

Las reservas de bitcoin han abordado directamente necesidades fiscales urgentes. En junio de 2023, Bután asignó $72 millones de sus reservas para financiar un aumento salarial del 50% para los funcionarios públicos, evitando una crisis ya que las reservas de divisas se redujeron a $689 millones. El Primer Ministro Tshering Tobgay enfatizó que el bitcoin también apoya la atención médica gratuita y proyectos ambientales, aunque la financiación de salarios sigue siendo su uso principal. El bitcoin ha llenado las brechas de ingresos que sectores tradicionales como la agricultura o la manufactura no pueden, explicó Tobgay, destacando el papel de la criptomoneda en la estabilización de la economía nacional de $3.5 mil millones.

El enfoque de Bután se extiende más allá de la minería. En enero de 2025, el gobierno anunció planes para diversificar sus reservas de criptomonedas dentro de la Ciudad de la Atención Plena de Gelephu (GMC), designando bitcoin, ethereum y BNB como activos estratégicos. Este movimiento, junto con una asociación con la firma minera Bitdeer para expandir la capacidad a 600 MW para mediados de 2025, posiciona a Bután como un pionero en la adopción de reservas multicripto. Tobgay ha enmarcado esta estrategia como un modelo para naciones pequeñas, argumentando que la naturaleza descentralizada del bitcoin ofrece resiliencia contra la inflación y la devaluación de la moneda.

Aunque los críticos cuestionan la volatilidad de los presupuestos dependientes de criptomonedas, la minería hidroeléctrica de Bután mitiga las preocupaciones ambientales. A diferencia de las operaciones dependientes de combustibles fósiles, las instalaciones de Bután, como el sitio de la Ciudad de la Educación reciclado, utilizan energía renovable, alineándose con su compromiso de carbono neutro. Los analistas señalan que este modelo podría atraer inversión extranjera, particularmente para naciones con recursos renovables sin explotar.

Las comparaciones con El Salvador, que adoptó el bitcoin como moneda de curso legal en 2021, destacan el enfoque pragmático de Bután. Aunque los 6,102 BTC de El Salvador quedan detrás de las reservas de Bután, ambas naciones ejemplifican el papel evolutivo del bitcoin en las finanzas soberanas. Estados Unidos, con su alijo confiscado de 198,000 BTC, sigue siendo el mayor poseedor, pero las reservas per cápita de Bután, más de $1,200 por ciudadano, señalan un impacto desproporcionado.

A medida que las economías globales lidian con la inflación y la deuda, el experimento de Bután ofrece un modelo: aprovechar las energías renovables para minar criptomonedas, estabilizar presupuestos y diversificar reservas. La visión de Tobgay desafía los paradigmas fiscales tradicionales, sugiriendo el potencial del bitcoin como más que un activo digital escaso, sino como una herramienta para la resiliencia nacional.

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