El yen japonés se desplomó hasta los 162,27 por dólar estadounidense el 30 de junio, su nivel más bajo desde 1986, lo que ha intensificado las especulaciones de que Tokio podría intervenir para defender la moneda por segunda vez este año.
El yen japonés cae hasta los 162,27, su nivel más bajo desde 1986, lo que reaviva las apuestas a favor de una intervención

Puntos clave
- El yen cayó hasta los 162,27 por dólar el 30 de junio, su nivel más bajo frente al dólar estadounidense desde 1986.
- La amplia diferencia entre los tipos de interés —el del Banco de Japón, al 0,75 %, frente al de la Reserva Federal, entre el 3,50 % y el 3,75 %— sigue ejerciendo presión sobre la moneda.
- Japón gastó una cifra récord de 11,73 billones de yenes (72 400 millones de dólares) en intervenciones entre finales de abril y finales de mayo.
Mínimo en cuatro décadas
La caída del yen hasta su mínimo en cuatro décadas ha vuelto a poner a las autoridades japonesas en alerta ante la posibilidad de una intervención. La moneda se ha visto arrastrada a la baja por una persistente diferencia en los tipos de interés entre Japón y Estados Unidos, las fuertes posiciones especulativas en corto y la limitada capacidad de resistencia de los anteriores esfuerzos de Tokio por apuntalarla.

El mecanismo es sencillo, dado que el Banco de Japón (BOJ) suele mantener su tipo de interés oficial en el 0,75 %, mientras que el objetivo de la Reserva Federal de EE. UU. se sitúa entre el 3,50 % y el 3,75 %. Ese diferencial beneficia a los inversores que obtienen financiación barata en yenes y colocan los fondos en activos en dólares de mayor rentabilidad, lo que se conoce como «carry trade» y ejerce una presión constante sobre la moneda japonesa.
La ministra de Finanzas de Japón, Satsuki Katayama, ha señalado que Tokio está dispuesto a actuar, afirmando que el Gobierno está preparado para tomar las medidas adecuadas contra las fluctuaciones excesivas de la moneda.
La intervención ya ha fracasado una vez
Tokio ya se ha enfrentado a esta situación anteriormente y, recientemente, Japón puso en marcha su primera operación de compra de yenes en casi dos años (después de que la moneda superara el nivel políticamente sensible de 160). Las autoridades gastaron entonces una cifra récord de 11,73 billones de yenes, unos 72 400 millones de dólares, para defender el yen entre finales de abril y finales de mayo, solo para ver cómo se debilitaba de nuevo.
Ese historial es la razón por la que los operadores dudan de que una nueva ronda de intervención sea eficaz, ya que las fuerzas que lastran al yen son estructurales, tienen su origen en la diferencia de tipos de interés y no en el sentimiento a corto plazo, y la intervención puede frenar la caída sin revertirla. Los mercados están ahora pendientes de si un movimiento hacia el rango de 160 a 162 desencadena otra intervención defensiva por parte del Ministerio de Finanzas.
¿Qué papel desempeñan las criptomonedas en todo esto?
Históricamente, la depreciación de la moneda nacional ha empujado a algunos ahorradores japoneses hacia reservas de valor alternativas, y el bitcoin se encuentra entre ellas. Japón es uno de los mercados minoristas de criptomonedas más activos del mundo, y un yen que pierde terreno frente al dólar refuerza el argumento de que los activos escasos y no soberanos pueden servir de cobertura frente al riesgo cambiario. El precio del bitcoin en yenes se ha mantenido muy por encima de su cotización en dólares, reflejando la erosión de la moneda a lo largo del tiempo.
Esta presión también influye en el apetito de riesgo global, ya que un yen más débil puede deshacer repentinamente las operaciones de carry trade cuando cambia el sentimiento del mercado, una dinámica que ya se ha extendido anteriormente a los mercados de criptomonedas y de renta variable, provocando el colapso de las posiciones apalancadas. En cualquier caso, la pregunta inmediata es si Tokio volverá a intervenir o dejará que la caída siga su curso. Dado que es poco probable que el diferencial de tipos se cierre pronto, la Fed ha mantenido los tipos elevados, mientras que el Banco de Japón actúa con cautela. Dicho esto, la trayectoria futura del yen depende en gran medida de los próximos movimientos de ambos bancos centrales y, hasta que ese diferencial se reduzca, parece que la debilidad de la moneda va a persistir.
Este artículo fue traducido del inglés mediante IA. La versión original en inglés es la fuente autorizada; las traducciones automáticas pueden contener imprecisiones, especialmente en la terminología legal y regulatoria.

















